¿Falta de atención? La solución es un buen libro

Il CEO - Team Fabulè - - 5 min

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Cada día, en cada momento, somos constantemente bombardeados por estímulos que, de alguna manera, guían nuestra concentración y nuestro enfoque de intereses. Esto sucede porque el individuo interactúa con el entorno a través de una compleja red de sistemas sensoriales que funciona como filtro, por lo que no todos los estímulos llegan de la misma manera al sistema cognitivo, que tiene capacidades limitadas y debe reaccionar en el menor tiempo posible. De hecho, los inputs sensoriales son filtrados por la atención, es decir, por un sistema de control que concentra los recursos en un número restringido de estímulos, seleccionados dentro de la inmensa cantidad de información presente en el ambiente. Estos estímulos pueden ser tanto endógenos, es decir, seleccionados a través de una decisión consciente y que llevan al individuo a reaccionar al estímulo con una actividad proactiva consecuente (según las cuatro fases codificadas: estímulo, impulso, respuesta, expresión), como exógenos, es decir, que se imponen a la atención desde el exterior y, por lo tanto, son distractores, ya que desvían la atención de una tarea o actividad. Si los estímulos exógenos pueden representar un problema, porque desvían de la realización de actividades más importantes o útiles, los endógenos pueden influir positivamente en la creatividad y la operatividad del sujeto. Pero su eficacia varía según la duración de la atención y, consecuentemente, de la concentración.

¿Cuánto dura el umbral de atención?

No existe un tiempo definido y unívoco que establezca cuál es el umbral de atención medio, porque este varía según el tipo de atención y el medio que la focaliza. Sin embargo, se pueden distinguir tres niveles principales:

  1. Atención focalizada (Enfoque instantáneo) Es la capacidad de concentrarse en un solo estímulo antes de distraerse. Según la opinión común, duraría unos 8 segundos, pero este dato se refiere exclusivamente a la atención "transitoria" o a la primera evaluación de un contenido, no al análisis profundo. Por ejemplo, en una pantalla digital el tiempo medio de atención focalizada varía de 45 a 75 segundos.
  2. Atención sostenida (Concentración profunda) Es la capacidad de mantener el esfuerzo mental en una tarea prolongada, como el estudio o la lectura de un libro. La atención alcanza su punto máximo después de unos 10-15 minutos de actividad, tendiendo a disminuir progresivamente después de 40-45 minutos.

¿Qué influye en la duración de la atención?

La duración de la atención no es fija, sino que depende de tres factores: 1. Medio: Según la herramienta objeto de atención y los procesos mnemónicos y lógicos activados, el umbral varía incluso sensiblemente. El estudio de un libro de texto tiene sesiones sin duda más largas y una comprensión más profunda que, por ejemplo, ver un video en las redes sociales. 2. Motivación: Si el tema es de gran interés personal, el umbral medio puede superarse ampliamente. 3. Edad: En los niños, el umbral de atención es mucho más corto y crece progresivamente con el desarrollo.

Nuestro estilo de vida, las redes sociales, las constantes distracciones y el bombardeo de estímulos tienden a disminuir notablemente el umbral de atención medio, haciendo cada vez más difícil la concentración en una tarea o actividad si la motivación no es sólida. Basta con tener en cuenta la evolución de las redes sociales. A menos que se traten intereses específicos, en los últimos años se ha pasado de redes sociales basadas en la escritura a otras que hacen de las fotos y los videos sus medios de referencia, haciendo mucho más rápida su utilización, pero al mismo tiempo reduciendo exponencialmente la capacidad de concentración en una sola publicación. Una situación que puede representar un problema grave, sobre todo en los segmentos más jóvenes de usuarios, ya no acostumbrados a focalizarse en un solo input “lento”.

¿La solución? Un buen libro

Contra esta deriva de la capacidad de concentración, la cura, según los expertos, está absolutamente a nuestro alcance y se encuentra dentro de un libro. De hecho, la lectura es un ejercicio para la mente que aumenta la concentración y, además, con el avance de la edad, retrasa el declive de la memoria. La razón es muy sencilla: se trata de una actividad que requiere necesariamente una atención constante. Cuando leemos, nos movemos en un territorio rico en elementos, personajes, tramas, ambientaciones: todo ello es un estímulo mental muy intenso para nuestra memoria. Según un estudio realizado por la Universidad de Phoenix, dedicar a la lectura una atención continua durante solo 20-30 minutos al día puede ayudar a fortalecer las capacidades generales de concentración. No solo eso: también el descanso se beneficia de la lectura, ya que ayuda a mejorar la calidad del sueño. De hecho, según un estudio realizado por la universidad de Gallway en una muestra de mil sujetos durante una semana, se encontró que las personas a las que se les había asignado la lectura de un libro antes de dormirse habían obtenido una clara mejora en la calidad del sueño.

La importancia de la elección y del “gusto”

Es de fundamental importancia que la elección del libro a leer se realice según los intereses personales, de género, de tema, de estilo. Si la lectura se transforma en una imposición “externa”, el lector será fácilmente superado por la masa de estímulos exógenos concurrentes, que obviamente le resultarán más interesantes y la comprensión del texto quedará absolutamente comprometida. Si, por el contrario, la lectura nace de una fuerte motivación interna, la atención será canalizada en primera persona y para el lector será mucho más fácil mantener la concentración.

¿Cómo mejorar la concentración con la lectura?

Cuando el lector se sumerge en la lectura, activa inmediatamente un conjunto de imágenes, conceptos y reflexiones que determinan una conexión con el texto y alimentan sus expectativas sobre el progreso de la lectura. En esta fase, el despertar y la excitación de la atención son, por tanto, de gran importancia. Este momento es conocido en neuropsicología como arousal e involucra al sistema nervioso central y periférico, generando una condición de alerta sensorial que predispone a la continuación de la lectura. Además, el lector debe dirigir su concentración al texto a leer, ejerciendo una atención selectiva para inhibir cualquier estímulo que pueda interferir en el proceso. El texto se presenta ante sus ojos como un flujo continuo de estímulos sobre los cuales opera la decodificación y la elaboración del significado de las palabras y frases. Así se desarrollan múltiples procesos, en su mayoría automáticos, que proceden simultáneamente y que emplean muchos recursos: el acceso fonológico, el acceso semántico, el acceso sintáctico, la elaboración conceptual. El lector se ve obligado, por lo tanto, a dividir la concentración en varios frentes, simultáneamente (atención dividida). Finalmente, siguiendo el flujo lineal del texto, la lectura se desarrolla en el tiempo y requiere, por lo tanto, una atención sostenida, que es la que está más “en riesgo” debido a los compromisos diarios y al bombardeo de estímulos exógenos. Por ello, es necesario entrenar la mente para mantener la atención durante un tiempo cada vez más largo. Además, a menudo el lector tiene que realizar varias tareas al mismo tiempo y, por lo tanto, se ve obligado a dividir sus recursos cognitivos en varios frentes, con consecuencias en la comprensión, además de determinar interrupciones, a veces muy largas, entre una sesión de lectura y la siguiente. Para alimentar la atención sostenida y contrarrestar la atención dividida puede ser muy útil una herramienta como Fabulé. A través de preguntas dirigidas sobre el texto, el contexto, los conflictos, las relaciones, los simbolismos y los eventos ya leídos pero de alguna manera nebulosos u olvidados, el proceso de comprensión se pone bajo el control del sistema cognitivo, que por lo tanto se concentra en la lectura y perdura en el tiempo. Fabulé ayuda al lector a desarrollar una estrategia de lectura adecuada con actividades específicas de “reconstrucción” del hilo de la trama, permitiéndole así ejercitar esa actividad cognitiva necesaria para devolverle claridad sobre todos los elementos ya leídos, recuperando en pocos y sencillos pasos la concentración y el placer de la lectura.

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